Centrándose en los problemas de pareja, Romero nos presenta una imagen en la que dos cuerpos masculinos, de perfil, se dan la espalda. Sus pieles, de un tono gris desaturado, parecen anunciar una tragedia. Cada uno sostiene en sus brazos las patas de una estructura que es a la vez casa y mesa. La mesa, al igual que la casa, es un espacio en el que compartimos cotidianeidad, símbolo de la digestión, el beneficio y el cuidado. Sus cabezas quedan ocultas en el interior de la casa-mesa. Una gran ventana se abre a lo largo de esta construcción, sin embargo, a través de ella no se ve nada, un humo denso lo invade todo. El mismo humo emerge por dos chimeneas, en una simetría inquietante.
La escena en la que se encuentran está envuelta en oscuridad. Los personajes permanecen de pie sobre dos manchas de color que se extienden por el suelo. Como si éstas les pertenecieran, fuesen sus exudaciones. Primero habrían derramado un líquido rojo, y sobre él, un líquido ocre. Sangre y orín, o cualquier otra cosa. Excreciones que se propagan en un ambiente de aislamiento e incomunicación.
Centrándose en los problemas de pareja, Romero nos presenta una imagen en la que dos cuerpos masculinos, de perfil, se dan la espalda. Sus pieles, de un tono gris desaturado, parecen anunciar una tragedia. Cada uno sostiene en sus brazos las patas de una estructura que es a la vez casa y mesa. La mesa, al igual que la casa, es un espacio en el que compartimos cotidianeidad, símbolo de la digestión, el beneficio y el cuidado. Sus cabezas quedan ocultas en el interior de la casa-mesa. Una gran ventana se abre a lo largo de esta construcción, sin embargo, a través de ella no se ve nada, un humo denso lo invade todo. El mismo humo emerge por dos chimeneas, en una simetría inquietante.
La escena en la que se encuentran está envuelta en oscuridad. Los personajes permanecen de pie sobre dos manchas de color que se extienden por el suelo. Como si éstas les pertenecieran, fuesen sus exudaciones. Primero habrían derramado un líquido rojo, y sobre él, un líquido ocre. Sangre y orín, o cualquier otra cosa. Excreciones que se propagan en un ambiente de aislamiento e incomunicación.

