0001

Bert


Esta obra consta de dos series fotográficas con dieciocho imágenes cada una. Cada serie está dedicada a una prenda blanca relacionada con la esfera de lo masculino: un gorro de cocinero y un calcetín. Ambas, al ser vestidas, entran en contacto directo con la piel. El artista las manipula, modela y transforma, en una acción escultórica que registra fotográficamente. En este transcurso, los objetos pierden su referencialidad funcional para adoptar, con gran plasticidad, otras apariencias, sugerentes, ambiguas, que se sitúan en el espectro de lo erótico y lo sensual, estableciendo analogías con imaginarios genitales femeninos, masculinos e intersexuales.

En un homenaje a Robert Mapplethorpe y Robert Gober —de ahí el título, Bert—, la fotografía se convierte en un registro de heterogéneas metamorfosis textiles. Aquí lo relevante es el proceso, la apropiación de un objeto cotidiano como materia maleable que se transfigura en una escultura efímera, convertida “en un mero roce y en una callada presión” (Pérez, 1993, p. 42), para que luego sea el documento fotográfico el que fije una imagen precisa de aquello que el artista decide mostrar. Como en trabajos anteriores, Cotanda maneja pares binarios —luz/sombra, día/noche, definición/desenfoque, dentro/fuera, cóncavo/convexo, femenino/masculino—, con el fin de señalar la diferencia sexual como una categoría normativa con una función coercitiva.

Este carácter se intensifica en el momento mismo en el que la captura inmoviliza las formas y clausura su potencial transición. Este gesto se ve reforzado por el enmarcado con cristal, cuya superficie transparente actúa como un plano de contención y separación que pesa sobre un cuerpo bidimensional con aspiración volumétrica. El cristal funciona así como una membrana que protege, exhibe y, al mismo tiempo, consolida.

Cada serie se asocia con un sexo, aunque, deliberadamente, las imágenes conducen a equívocos y confusión. Al agregar un cristal sobre estos cuerpos sexuales, Cotanda establece una referencia directa a El Gran Vidrio (1915-1923) de Marcel Duchamp, no tanto en su iconografía como en su condición de dispositivo transparente que media, separa y suspende relaciones entre cuerpos, géneros y deseos, sometiéndolos a una lógica de observación y distancia. Asimismo, señala las eventuales transformaciones acumulativas entre forma, materia y signo.

Cuando, además, cada una de las series se presenta como un conjunto de fotografías dispuestas en proximidad, la obra adopta una lógica conjuntiva y comparativa que remite a los gabinetes de curiosidades, donde la clasificación no persigue tanto la jerarquía como la coexistencia de formas. Las diferencias taxonómicas resultan menos significativas que las continuas coincidencias, erosionando de este modo todo sistema binario con pretensión de ordenar el cuerpo y el deseo.

 

Cotanda Ramón, Ricardo (2012). Ricardo Cotanda. Un recorrido por su obra artística 1989-2005 (tesis doctoral). Universidad de Castilla - La Mancha, Cuenca, España.
Pérez, David (1993, 22 de febrero). La plana intimidad de la escultura. Levante, Valencia, p. 42.
Tejero Olivares, Daniel Pablo (2003). El quehacer artístico como una búsqueda y/o reivindicación de una identidad gay. Tres artistas en la Comunidad Valenciana durante la década de los 90 (tesis doctoral). Universitat Politècnica de València, Valencia, España.


Esta obra consta de dos series fotográficas con dieciocho imágenes cada una. Cada serie está dedicada a una prenda blanca relacionada con la esfera de lo masculino: un gorro de cocinero y un calcetín. Ambas, al ser vestidas, entran en contacto directo con la piel. El artista las manipula, modela y transforma, en una acción escultórica que registra fotográficamente. En este transcurso, los objetos pierden su referencialidad funcional para adoptar, con gran plasticidad, otras apariencias, sugerentes, ambiguas, que se sitúan en el espectro de lo erótico y lo sensual, estableciendo analogías con imaginarios genitales femeninos, masculinos e intersexuales.

En un homenaje a Robert Mapplethorpe y Robert Gober —de ahí el título, Bert—, la fotografía se convierte en un registro de heterogéneas metamorfosis textiles. Aquí lo relevante es el proceso, la apropiación de un objeto cotidiano como materia maleable que se transfigura en una escultura efímera, convertida “en un mero roce y en una callada presión” (Pérez, 1993, p. 42), para que luego sea el documento fotográfico el que fije una imagen precisa de aquello que el artista decide mostrar. Como en trabajos anteriores, Cotanda maneja pares binarios —luz/sombra, día/noche, definición/desenfoque, dentro/fuera, cóncavo/convexo, femenino/masculino—, con el fin de señalar la diferencia sexual como una categoría normativa con una función coercitiva.

Este carácter se intensifica en el momento mismo en el que la captura inmoviliza las formas y clausura su potencial transición. Este gesto se ve reforzado por el enmarcado con cristal, cuya superficie transparente actúa como un plano de contención y separación que pesa sobre un cuerpo bidimensional con aspiración volumétrica. El cristal funciona así como una membrana que protege, exhibe y, al mismo tiempo, consolida.

Cada serie se asocia con un sexo, aunque, deliberadamente, las imágenes conducen a equívocos y confusión. Al agregar un cristal sobre estos cuerpos sexuales, Cotanda establece una referencia directa a El Gran Vidrio (1915-1923) de Marcel Duchamp, no tanto en su iconografía como en su condición de dispositivo transparente que media, separa y suspende relaciones entre cuerpos, géneros y deseos, sometiéndolos a una lógica de observación y distancia. Asimismo, señala las eventuales transformaciones acumulativas entre forma, materia y signo.

Cuando, además, cada una de las series se presenta como un conjunto de fotografías dispuestas en proximidad, la obra adopta una lógica conjuntiva y comparativa que remite a los gabinetes de curiosidades, donde la clasificación no persigue tanto la jerarquía como la coexistencia de formas. Las diferencias taxonómicas resultan menos significativas que las continuas coincidencias, erosionando de este modo todo sistema binario con pretensión de ordenar el cuerpo y el deseo.

 

Cotanda Ramón, Ricardo (2012). Ricardo Cotanda. Un recorrido por su obra artística 1989-2005 (tesis doctoral). Universidad de Castilla - La Mancha, Cuenca, España.
Pérez, David (1993, 22 de febrero). La plana intimidad de la escultura. Levante, Valencia, p. 42.
Tejero Olivares, Daniel Pablo (2003). El quehacer artístico como una búsqueda y/o reivindicación de una identidad gay. Tres artistas en la Comunidad Valenciana durante la década de los 90 (tesis doctoral). Universitat Politècnica de València, Valencia, España.


Bert I4
1992
18 fotografías, 40x60 cm c.u.

Este conjunto de fotografías se cataloga con números romanos. El objeto retratado es un sombrero de cocinero, un cuerpo textil relativamente rígido al tacto, aunque capaz de adoptar configuraciones delicadas. Los volúmenes, con cavidades y volantes, adquieren una apariencia receptiva y envolvente que evoca lo confortable, en alusión al mundo femenino. Para tomar las imágenes, Cotanda opta por una gran definición y por un blanco profiláctico que remite a la luz del día como a una cierta asepsia visual.
Bert 1
1992
18 fotografías, 40x60 cm c.u.

Este segundo grupo se registra con numeración arábiga. A partir de un calcetín —una prenda blanda y flácida, como un preservativo—, Cotanda obtiene masas que se estiran, se pliegan, se enrollan y se abren, como una boca o una vulva. Así, este cuerpo inicialmente codificado como masculino se ofrece a la penetración. El tono verdoso de las imágenes, obtenidas con luz de neón, evoca a la noche. Intencionalmente, la fotografía está desenfocada, produciendo una atmósfera mórbida que alude de manera explícita a la crisis del VIH/sida.
Archivo Queer de Artistas Visuales. València, 1975-2024.
joaquín artime