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… llegar a la nieve

1995

1995

Esta serie escultórica de nueve piezas nace y toma título de un verso de Federico García Lorca, “Pequeño poema infinito”, incluido en Poeta en Nueva York, poemario escrito entre 1929 y 1930, durante su estancia en la ciudad estadounidense, y publicado póstumamente en 1940. García Lorca concibe el poema pensando en su amigo, el poeta guatemalteco, Luis Cardoza y Aragón. Comienza así:

Equivocar el camino

es llegar a la nieve

y llegar a la nieve

es pacer durante veinte siglos las hierbas de

los cementerios.

 

Equivocar el camino

es llegar a la mujer (García Lorca, 2017, p. 92)

 

Cuando García Lorca se desvía de la senda heteronormativa, el error se formula como una llegada a la nieve, una imagen de la fría soledad que parece atribuirle a la homosexualidad masculina. El deseo entre hombres se entrevé así como un desatino de la virilidad normativa, una feminización. Sin embargo, las imágenes se abren con porosidad semántica, habilitando múltiples interpretaciones. Es precisamente esta ambigüedad lo que atrae a Cotanda:

Me gusta su capacidad para crear metáforas, asociaciones e imágenes paralelas a las que yo intento en mis piezas. Me interesa el trabajo sobre todo a partir de Poeta en Nueva York, no solo sus formas sino sobre todo sus temas, sus pulsiones y sus deseos (en Tejero Olivares, 2001, p. 203).

 

Las piezas de …llegar a la nieve se confeccionan como versos sueltos. Son fragmentos del vestuario de un novio el día de su desposorio. Recorren simbólicamente el cuerpo de la cabeza a los pies: sombrero, cuello, corbata, pechera, pañuelo, puños, guante, cinturón y zapatos. Todas las prendas son blancas, impolutas. En su separación pierden su funcionalidad, convirtiéndose en restos inútiles. El blanco alude a la pureza históricamente asociada a la novia, aquí metamorfoseada en uniforme nupcial masculino, o en extraño ajuar de una inusual tradición familiar. Las costuras se recortan y mueven. Los objetos permanecen solitarios, anhelantes, como si esperasen a su dueño ausente en un matrimonio aún por celebrar.

Cotanda se inspira en las obras de Robert Gober en las que el artista emplea vestidos de novia, en especial Wedding Gown (1989), un vestido de novia que se mantiene erguido, sin cuerpo. Gober afirma: "There's no comparable costume for a man that symbolizes this moment...we've only created this outfit for women." (No hay ningún traje para hombre comparable que simbolice este momento... Solo hemos creado este conjunto para mujer)[1] (Gober, s.f.). A partir de esta constatación, Cotanda fabrica las partes de un traje masculino que disuelve el género mediante estrategias de desplazamiento y fragmentación. “Nueve prendas, todas ellas tan blancas, limpias y frías como la nieve.” (Cotanda, 2012, p. 151).

El número nueve no es arbitrario. Nueve son también los moldes que aparecen en El Gran Vidrio (1915-1923) de Marcel Duchamp. Nueve solteros. Además, la talla de las prendas es la 39. Nueve suena como "nieve, a nuevo, a blanco, a virgen" (en Picazo, 1998, p. 15).

Estas piezas aluden a un cuerpo ausente, enrollado en una alfombra como un cadáver, corporeización que se materializa en Desnudo (1995). Este cuerpo funciona como motor latente de toda la serie. Los fragmentos blancos actúan como testigos de la situación de un novio sin pareja. Pueden comprenderse como una ofrenda, incluso como reliquias funerarias de una castidad impuesta (Clemente, 1998, p. 74). Aquí se manifiesta un miedo que conduce a un vacío fatal, donde no hay lugar para el amor ni el ser amado, sólo para la nada, terreno yermo en que descansa la soledad. Más adelante, el poema de García Lorca (2017) advierte: “Pero el dos no ha sido nunca un número” (p. 92). Al menos, no para este novio, cuyo futuro amoroso se concibe como un entierro hecho a medida.

Las imágenes son un homenaje a García Lorca y a su homosexualidad. Se proponen ser tan poéticas como las composiciones del andaluz. Por eso, se construyen con un marcado tinte surrealista, despertando ricas sensaciones sobre el deseo, la lujuria —el blanco no deja de aludir también al blanco del flujo seminal—, la abstinencia y la castración.

Todos los títulos, en esta ocasión conscientemente breves, terminan en la vocal “o”, forma anular que inaugura, simbólicamente, una apertura hacia la analidad.

 

[1] La traducción es mía.

Clemente, José Luis (1998). Y del blanco al rojo, y del rojo al amarillo, incluso en el amor y la muerte. En Ricardo Cotanda. … que no desemboca (pp. 72-77)). Valencia, España: Generalitat Valenciana.
Cortés, José Miguel G. (1998). Mi anillo, señor, mi anillo de oro viejo. En Ricardo Cotanda. … que no desemboca (pp. 26-39). Valencia, España: Generalitat Valenciana.
Fernández, Horacio (1995). Trajes rotos y cáscaras y llanto. En Els 90 en els 80. Proposta d’escultura valenciana (pp. 196-197). Valencia, España: IVAM Centre del Carme.
García Lorca, Federico (2017). Poeta en Nueva York. Menorca, España: Textos.info.
Gober, Robert (s.f.). Robert Gober. Untitled. 1992-93. MoMA. Consultado el 19 de diciembre de 2025. https://www.moma.org/collection/works/49934#:~:text=Robert%20Gober.,1992%2D93%20%7C%20MoMA
Tejero Olivares, Daniel Pablo (2003). El quehacer artístico como una búsqueda y/o reivindicación de una identidad gay. Tres artistas en la Comunidad Valenciana durante la década de los 90 (tesis doctoral). Universitat Politècnica de València, Valencia, España.


Esta serie escultórica de nueve piezas nace y toma título de un verso de Federico García Lorca, “Pequeño poema infinito”, incluido en Poeta en Nueva York, poemario escrito entre 1929 y 1930, durante su estancia en la ciudad estadounidense, y publicado póstumamente en 1940. García Lorca concibe el poema pensando en su amigo, el poeta guatemalteco, Luis Cardoza y Aragón. Comienza así:

Equivocar el camino

es llegar a la nieve

y llegar a la nieve

es pacer durante veinte siglos las hierbas de

los cementerios.

 

Equivocar el camino

es llegar a la mujer (García Lorca, 2017, p. 92)

 

Cuando García Lorca se desvía de la senda heteronormativa, el error se formula como una llegada a la nieve, una imagen de la fría soledad que parece atribuirle a la homosexualidad masculina. El deseo entre hombres se entrevé así como un desatino de la virilidad normativa, una feminización. Sin embargo, las imágenes se abren con porosidad semántica, habilitando múltiples interpretaciones. Es precisamente esta ambigüedad lo que atrae a Cotanda:

Me gusta su capacidad para crear metáforas, asociaciones e imágenes paralelas a las que yo intento en mis piezas. Me interesa el trabajo sobre todo a partir de Poeta en Nueva York, no solo sus formas sino sobre todo sus temas, sus pulsiones y sus deseos (en Tejero Olivares, 2001, p. 203).

 

Las piezas de …llegar a la nieve se confeccionan como versos sueltos. Son fragmentos del vestuario de un novio el día de su desposorio. Recorren simbólicamente el cuerpo de la cabeza a los pies: sombrero, cuello, corbata, pechera, pañuelo, puños, guante, cinturón y zapatos. Todas las prendas son blancas, impolutas. En su separación pierden su funcionalidad, convirtiéndose en restos inútiles. El blanco alude a la pureza históricamente asociada a la novia, aquí metamorfoseada en uniforme nupcial masculino, o en extraño ajuar de una inusual tradición familiar. Las costuras se recortan y mueven. Los objetos permanecen solitarios, anhelantes, como si esperasen a su dueño ausente en un matrimonio aún por celebrar.

Cotanda se inspira en las obras de Robert Gober en las que el artista emplea vestidos de novia, en especial Wedding Gown (1989), un vestido de novia que se mantiene erguido, sin cuerpo. Gober afirma: "There's no comparable costume for a man that symbolizes this moment...we've only created this outfit for women." (No hay ningún traje para hombre comparable que simbolice este momento... Solo hemos creado este conjunto para mujer)[1] (Gober, s.f.). A partir de esta constatación, Cotanda fabrica las partes de un traje masculino que disuelve el género mediante estrategias de desplazamiento y fragmentación. “Nueve prendas, todas ellas tan blancas, limpias y frías como la nieve.” (Cotanda, 2012, p. 151).

El número nueve no es arbitrario. Nueve son también los moldes que aparecen en El Gran Vidrio (1915-1923) de Marcel Duchamp. Nueve solteros. Además, la talla de las prendas es la 39. Nueve suena como "nieve, a nuevo, a blanco, a virgen" (en Picazo, 1998, p. 15).

Estas piezas aluden a un cuerpo ausente, enrollado en una alfombra como un cadáver, corporeización que se materializa en Desnudo (1995). Este cuerpo funciona como motor latente de toda la serie. Los fragmentos blancos actúan como testigos de la situación de un novio sin pareja. Pueden comprenderse como una ofrenda, incluso como reliquias funerarias de una castidad impuesta (Clemente, 1998, p. 74). Aquí se manifiesta un miedo que conduce a un vacío fatal, donde no hay lugar para el amor ni el ser amado, sólo para la nada, terreno yermo en que descansa la soledad. Más adelante, el poema de García Lorca (2017) advierte: “Pero el dos no ha sido nunca un número” (p. 92). Al menos, no para este novio, cuyo futuro amoroso se concibe como un entierro hecho a medida.

Las imágenes son un homenaje a García Lorca y a su homosexualidad. Se proponen ser tan poéticas como las composiciones del andaluz. Por eso, se construyen con un marcado tinte surrealista, despertando ricas sensaciones sobre el deseo, la lujuria —el blanco no deja de aludir también al blanco del flujo seminal—, la abstinencia y la castración.

Todos los títulos, en esta ocasión conscientemente breves, terminan en la vocal “o”, forma anular que inaugura, simbólicamente, una apertura hacia la analidad.

 

[1] La traducción es mía.

Clemente, José Luis (1998). Y del blanco al rojo, y del rojo al amarillo, incluso en el amor y la muerte. En Ricardo Cotanda. … que no desemboca (pp. 72-77)). Valencia, España: Generalitat Valenciana.
Cortés, José Miguel G. (1998). Mi anillo, señor, mi anillo de oro viejo. En Ricardo Cotanda. … que no desemboca (pp. 26-39). Valencia, España: Generalitat Valenciana.
Fernández, Horacio (1995). Trajes rotos y cáscaras y llanto. En Els 90 en els 80. Proposta d’escultura valenciana (pp. 196-197). Valencia, España: IVAM Centre del Carme.
García Lorca, Federico (2017). Poeta en Nueva York. Menorca, España: Textos.info.
Gober, Robert (s.f.). Robert Gober. Untitled. 1992-93. MoMA. Consultado el 19 de diciembre de 2025. https://www.moma.org/collection/works/49934#:~:text=Robert%20Gober.,1992%2D93%20%7C%20MoMA
Tejero Olivares, Daniel Pablo (2003). El quehacer artístico como una búsqueda y/o reivindicación de una identidad gay. Tres artistas en la Comunidad Valenciana durante la década de los 90 (tesis doctoral). Universitat Politècnica de València, Valencia, España.


Testigo
1995
Sombrero y dedales, 13x30x27 cm.
Sombrero blanco en el que se introducen cinco dedales de color plateado. Los dedales se ubican justo en el punto donde los dedos de la mano entrarían en contacto con el objeto al retirarlo en muestra de cortesía. El sombrero se transforma en un cuerpo penetrable, a través de un objeto que es, a la vez, penetrante y penetrable. De este modo se subraya que la penetrabilidad es una cuestión mental antes que una condición física.
Filo
1995
Cuello postizo y cabellos, 5x58x20 cm.
Un cuello postizo se pliega para conformar una abertura de carácter vaginal. De esta prenda emerge una cabellera rubia que se afila como un puñal. Los botones de nácar, que sujetan la tela, funcionan como un clítoris. La imagen puede leerse como una interpretación libre de Étant donnés (1946-1966), de Marcel Duchamp, cuya enigmática escena muestra un cuerpo sin rostro, con cabello rubio y el pubis depilado. Se trata de una efigie desconcertante que remite a las actrices del cine de Alfred Hitchcock, así como a la navaja que secciona un ojo en Un perro andaluz (1929), de Luis Buñuel.
Nudo
1995
Dos corbatas, 77x60x5 cm.

Dos corbatas idénticas están unidas por su parte inferior. Los extremos cuelgan abiertos, como dos flores, o un urinario de Robert Gober. La imagen también recuerda a Luisa II (1993), de Pepe Espaliú, donde dos jaulas se conectan por su base inferior. La unión genera una estructura vaga que oscila entre la simetría, la dependencia y el bloqueo.
Solo
1995
Guante y anillo, 22x8x4 cm.
En el poema “Nocturno del hueco”, Lorca (2017) escribe:

Para ver que todo se ha ido,
para ver los huecos y los vestidos,
¡dame tu guante de luna,
tu otro guante perdido en la hierba,
amor mío! (p. 55)




A partir de esta referencia, Cotanda presenta un guante blanco sin pareja, solo, incompleto; suspendido en la pared. Los dedos caen, salvo el pulgar, que oculta en su interior un anillo de plata —manteniendo la constante cromática del blanco— por el que se introduce el tejido. El anillo actúa como un elemento que amputa y castra, “como ese dedo solitario que tanto inquietaba a Dalí cuando aparecía por el agujero de su paleta de pintor.” (Cotanda, 2012, 161).
Dado
1995
Pañuelo bordado, 2x12x12 cm.
Un pañuelo blanco presenta una mancha bordada en seda, semejante a unas iniciales. Esta marca funciona como huella, índice y firma. Se trata de una copia exacta de la silueta de Paysage Fautif (1946), de Marcel Duchamp. El pañuelo, entendido como espacio del dolor y del placer, recoge lo que parece un fluido seminal.

Dado es el título de la obra: “dado” como entrega, “dado” como pérdida y “dado” como elemento culpable de un juego relativo al azar (Fernández, 1995).
Espejo
1995
Pechera postiza, 44x26x4 cm.
Una pechera postiza se presenta colgada, sin cuerpo. Cotanda desplaza los tres botones al lado izquierdo, transformándola en una prenda femenina, como ya hiciera en Ojo y Ojal (1989-1990). La pieza permanece abierta, dibujando en su vacío un canal que conduce hacia un orificio, y activa una lectura corporal y sexual del espacio negativo.
Velo
1995
Cuero y tul, 5x110x5 cm.
Un velo de tul blanco —símbolo de la novia— envuelve un cinturón de cuero, metáfora de la firmeza y del control asociados a la masculinidad. La ligereza de la gasa domina y neutraliza la rigidez del cinturón, sugiriendo una masculinidad feminizada que anhela el matrimonio. El cinturón es, además, la frontera entre la parte superior e inferior del cuerpo. En El Gran Vidrio (1915-1923), Duchamp llama “velo” a la franja que separa los espacios masculino y femenino, abajo y arriba.
Eco
1995
Puños postizos, ovillo de hilo y gemelos, 5x15x18 cm.
Dos puños postizos de camisa blanca se enlazan mediante unos gemelos unidos por una compleja madeja de hilo. El nudo, de carácter gordiano, esconde sus cabos en el interior, siendo imposible de desatar. Observados de perfil, los elementos configuran la forma de un ojo, aludiendo a la vigilancia y a la imposibilidad de resolución.
Vértigo
1995
Zapatos y calcetines, 11x45x11 cm y 11x30x11cm.
Los zapatos se necesitan mutuamente, no suelen existir desemparejados. Simétricamente, son desiguales, ya que el zapato derecho no se puede calzar en el pie izquierdo. Los calcetines, en cambio, son idénticos y pueden emplearse de forma indiferente. Cotanda invierte esta relación introduciendo los zapatos dentro de los calcetines. En uno de ellos, el calcetín sobresale desde la puntera como un apéndice; en el otro, se repliega en el interior, conformando una cavidad. Falo y ano se siguen y se acompañan.
Desnudo
1995
Alfombra enrollada, 28x168x45 cm.
El recorrido que plantean estas nueve piezas culmina en la ausencia de un cuerpo. Bajo una alfombra clara, enrollada como en la escena de un crimen, se encuentra este cuerpo oculto. Al igual que Cigar (1991) de Robert Gober —un puro sobredimensionado que descansa en el suelo—, el cuerpo inanimado de Cotanda también nos produce el deseo de ser recuperado y reanimado, pues todos los objetos de la serie son para él.
Archivo Queer de Artistas Visuales. València, 1975-2024.
joaquín artime