Esta exposición individual, de título homónimo, abre sus puertas en enero de 1998 en la sala La Gallera (València). Se concibe como una instalación, o como un tríptico de series, es decir, tres series que funcionan como una única obra. El diseño de las tres plantas del espacio expositivo se articula a partir de una marcada verticalidad con un denominador común: el uso del color amarillo —o dorado— y de la forma anular. Así, el artista retoma sus temas recurrentes: la soledad, el amor, el desposorio y la muerte. El anillo simboliza la unión, la transición de un estado a otro y el movimiento, entendido como flujo infinito. Es un objeto paradigmático y ambiguo porque, mientras el dedo penetra en él, el anillo se introduce en el dedo, rodeándolo. Además, como toda apertura o cavidad, suscita sugerentes relaciones con el sumidero, la boca o el ano.
Una vez más, Cotanda se refiere aquí a los vínculos sexoafectivos entre hombres, aunque en esta ocasión lo hace para hablar del triunfo y la posibilidad de la pareja, justo cinco años después de conocer a la suya. El cinco se convierte así en un número clave. Remite tanto a la mano —con sus cinco dedos— como a Lorca y a su obra teatral Así que pasen cinco años (1931), en la que el protagonista sufre por amar a un hombre y no a una mujer: "yo quisiera quererla como quisiera tener sed delante de las fuentes" (García Lorca, 2022, p. 10). Y sin llegar a amar, encuentra la muerte.
La pieza vertebradora de la exposición, y la que le da título, es una obra anterior, Desnudo (1995), perteneciente la serie … llegar a la nieve (1995), en la que se presenta como una alfombra enrollada con la forma de un cuerpo masculino. En 1997 se transforma en … que no desemboca (1995-1997) al incorporar cinco sumideros dorados en la superficie de la alfombra. Si Desnudo (1995) ya hacía referencia a Robert Gober, la inclusión de los desagües intensifica el guiño, dado que en la obra del artista estadounidense los sumideros y drenajes actúan como elementos clave para hablar de una sexualidad atravesada por los fluidos y por la experiencia de la pérdida. Al respecto, el propio Gober afirma:
Veo los desagües como metáforas funcionando en el mismo sentido que las pinturas tradicionales, como una ventana a otro mundo. Sin embargo, el mundo en el que tú entras a través de la metáfora del desagüe podría ser algo oscuro y desconocido (en Tejero Olivares, 2003, p. 216).
Los sumideros de Cotanda ni desembocan ni sanean. El orificio aquí opera como un canal de deseo que anhela ser cruzado —con apetencia oral o anal—, sin función productiva ni utilidad. Tan sólo ansía servir como conducto. Este cuerpo horadado recibe la energía que lo atraviesa, recoge la información para a continuación expulsarla. Sus desagües son "lugares de tránsito que no se llenan jamás" (Cortés, 1998, p. 38).
El título procede, una vez más, de un poema de Lorca, “Niña Ahogada en el pozo”, de Poeta en Nueva York (1930):
Las estatuas sufren por los ojos con la oscuridad de los ataúdes,
pero sufren mucho más por el agua que no
desemboca.
Que no desemboca. (García Lorca, 2017, p. 51).
“… que no desemboca” es la fórmula con la que el poeta cierra cada estrofa, generando una atmósfera de sensaciones estancadas, sin salida. Cotanda se apropia de esta sustancia abyecta, como perversión de un deseo que, a ojos de la heteronormatividad, condensa podredumbre y purulencia en un vínculo afectivo. Al mismo tiempo, sin negarla, posibilita nuevas formas de vida y satisfacción.
… que no desemboca se sitúa en el centro de la sala, en la planta baja, de modo que puede ser vista desde todos los puntos de La Gallera. Alrededor de esta obra pivotan las tres series de cinco piezas que completan la exposición.
En la planta baja también se encuentra Vierte y suma (1997), un conjunto de cinco dípticos, cada uno compuesto por dos bastidores cuadrados entelados con manteles blancos y dispuestos en vertical. Como ya ocurre en Tonsuras (1996), Cotanda divide la imagen en arriba y abajo, en referencia a El Gran Vidrio (1915-1923) de Marcel Duchamp, solo que, en esta ocasión, el velo aparece explícito y las dos partes permanecen separadas. En cada cuadro, la tinta amarilla se ha vertido y extendido sobre la superficie del mantel; los contornos, bordados con hilo dorado, han servido de frontera a la mancha, aunque en numerosas ocasiones esta desborda los límites del dibujo. A modo de cadáver exquisito, en la parte inferior se representa un dedo de la mano del artista —del pulgar al meñique— y, en la superior, una flor. Ambas imágenes, aunque alejadas, se continúan visualmente, constituyendo un mismo cuerpo híbrido, humano-vegetal. El espacio de separación coincide con la ubicación de un anillo ausente, como si este hubiese cercenado el dedo y de él hubiese brotado una flor, en un instante de exaltación próximo a la eyaculación. La flor se convierte en fuente o desagüe abierto para recibir los fluidos y colmarse. Las cinco piezas funcionan como una suerte de “embudos vacíos pero llenos” (Cortés, 1997, p. 37). Los dedos, como cuerpos fálicos, apuntan hacia abajo, como si deseasen introducirse en los sumideros de … que no desemboca y hacer germinar el deseo.
En la primera planta se encuentra Delante de las fuentes (1997), cinco cuadros situados justo encima de los cinco dípticos de Vierte y suma. Sobre terciopelo blanco tornasolado se han pintado en amarillo unos dedos que asoman desde el margen superior. Parecen lánguidos o erectos. De cada uno desciende un chorro, como un fluido corporal que se derrama y se dirige hacia los embudos-flores del piso inferior.
En la última planta, y en contradicción con lo que anuncia el título de la exposición, se presenta la serie Sólo esto: desembocadura (1997), formada por cinco dípticos realizados con pañuelos blancos. Los pañuelos, similares, pero no idénticos, se agrupan por parejas. En cada uno se ha vaciado el diámetro del dedo que hay en la planta debajo y, posteriormente, se han bordado los bordes con hilo dorado. El círculo resultante remite a un anillo, emparejado con su igual —cada pareja sí es gemela—, como en Untitled (Double Portrait) (1991) de Felix Gonzalez-Torres.
Lorca escribe en su poema “Navidad en el Hudson”:
Lo que importa es esto: hueco. Mundo solo.
Desembocadura.
Alba no. Fábula inerte.
Sólo esto: desembocadura. (García Lorca, 2017, p. 33).
El mundo se siente como un gran vacío por llenar. De ahí que se busque un compañero para sobrellevar las vicisitudes cotidianas. Esta unión se percibe en los diez pañuelos, los diez anillos, los diez dedos, las dos manos: una pareja masculina. Juntos, a través del deseo, el sueño y la esperanza. Su pasión se derrama como líquido lujurioso —semen u orín— que cae desde las manos hacia los manteles de unas mesas que vaticinan un banquete nupcial. “Una ceremonia en la que dominará el correr de los fluidos” (Cotanda, 2012, p. 209).
Clemente, José Luis (1998). Y del blanco al rojo, y del rojo al amarillo, incluso en el amor y la muerte. En Ricardo Cotanda. … que no desemboca (pp. 72-77)). Valencia, España: Generalitat Valenciana.
Cortés, José Miguel G. (1998). Mi anillo, señor, mi anillo de oro viejo. En Ricardo Cotanda. … que no desemboca (pp. 26-39). Valencia, España: Generalitat Valenciana.
Cotanda Ramón, Ricardo (2012). Ricardo Cotanda. Un recorrido por su obra artística 1989-2005 (tesis doctoral). Universidad de Castilla - La Mancha, Cuenca, España.
García Lorca, Federico (2017). Poeta en Nueva York. Menorca, España: Textos.info.
García Lorca, Federico (2022). Así que pasen cinco años. Menorca, España: Textos.info.
Esta exposición individual, de título homónimo, abre sus puertas en enero de 1998 en la sala La Gallera (València). Se concibe como una instalación, o como un tríptico de series, es decir, tres series que funcionan como una única obra. El diseño de las tres plantas del espacio expositivo se articula a partir de una marcada verticalidad con un denominador común: el uso del color amarillo —o dorado— y de la forma anular. Así, el artista retoma sus temas recurrentes: la soledad, el amor, el desposorio y la muerte. El anillo simboliza la unión, la transición de un estado a otro y el movimiento, entendido como flujo infinito. Es un objeto paradigmático y ambiguo porque, mientras el dedo penetra en él, el anillo se introduce en el dedo, rodeándolo. Además, como toda apertura o cavidad, suscita sugerentes relaciones con el sumidero, la boca o el ano.
Una vez más, Cotanda se refiere aquí a los vínculos sexoafectivos entre hombres, aunque en esta ocasión lo hace para hablar del triunfo y la posibilidad de la pareja, justo cinco años después de conocer a la suya. El cinco se convierte así en un número clave. Remite tanto a la mano —con sus cinco dedos— como a Lorca y a su obra teatral Así que pasen cinco años (1931), en la que el protagonista sufre por amar a un hombre y no a una mujer: "yo quisiera quererla como quisiera tener sed delante de las fuentes" (García Lorca, 2022, p. 10). Y sin llegar a amar, encuentra la muerte.
La pieza vertebradora de la exposición, y la que le da título, es una obra anterior, Desnudo (1995), perteneciente la serie … llegar a la nieve (1995), en la que se presenta como una alfombra enrollada con la forma de un cuerpo masculino. En 1997 se transforma en … que no desemboca (1995-1997) al incorporar cinco sumideros dorados en la superficie de la alfombra. Si Desnudo (1995) ya hacía referencia a Robert Gober, la inclusión de los desagües intensifica el guiño, dado que en la obra del artista estadounidense los sumideros y drenajes actúan como elementos clave para hablar de una sexualidad atravesada por los fluidos y por la experiencia de la pérdida. Al respecto, el propio Gober afirma:
Veo los desagües como metáforas funcionando en el mismo sentido que las pinturas tradicionales, como una ventana a otro mundo. Sin embargo, el mundo en el que tú entras a través de la metáfora del desagüe podría ser algo oscuro y desconocido (en Tejero Olivares, 2003, p. 216).
Los sumideros de Cotanda ni desembocan ni sanean. El orificio aquí opera como un canal de deseo que anhela ser cruzado —con apetencia oral o anal—, sin función productiva ni utilidad. Tan sólo ansía servir como conducto. Este cuerpo horadado recibe la energía que lo atraviesa, recoge la información para a continuación expulsarla. Sus desagües son "lugares de tránsito que no se llenan jamás" (Cortés, 1998, p. 38).
El título procede, una vez más, de un poema de Lorca, “Niña Ahogada en el pozo”, de Poeta en Nueva York (1930):
Las estatuas sufren por los ojos con la oscuridad de los ataúdes,
pero sufren mucho más por el agua que no
desemboca.
Que no desemboca. (García Lorca, 2017, p. 51).
“… que no desemboca” es la fórmula con la que el poeta cierra cada estrofa, generando una atmósfera de sensaciones estancadas, sin salida. Cotanda se apropia de esta sustancia abyecta, como perversión de un deseo que, a ojos de la heteronormatividad, condensa podredumbre y purulencia en un vínculo afectivo. Al mismo tiempo, sin negarla, posibilita nuevas formas de vida y satisfacción.
… que no desemboca se sitúa en el centro de la sala, en la planta baja, de modo que puede ser vista desde todos los puntos de La Gallera. Alrededor de esta obra pivotan las tres series de cinco piezas que completan la exposición.
En la planta baja también se encuentra Vierte y suma (1997), un conjunto de cinco dípticos, cada uno compuesto por dos bastidores cuadrados entelados con manteles blancos y dispuestos en vertical. Como ya ocurre en Tonsuras (1996), Cotanda divide la imagen en arriba y abajo, en referencia a El Gran Vidrio (1915-1923) de Marcel Duchamp, solo que, en esta ocasión, el velo aparece explícito y las dos partes permanecen separadas. En cada cuadro, la tinta amarilla se ha vertido y extendido sobre la superficie del mantel; los contornos, bordados con hilo dorado, han servido de frontera a la mancha, aunque en numerosas ocasiones esta desborda los límites del dibujo. A modo de cadáver exquisito, en la parte inferior se representa un dedo de la mano del artista —del pulgar al meñique— y, en la superior, una flor. Ambas imágenes, aunque alejadas, se continúan visualmente, constituyendo un mismo cuerpo híbrido, humano-vegetal. El espacio de separación coincide con la ubicación de un anillo ausente, como si este hubiese cercenado el dedo y de él hubiese brotado una flor, en un instante de exaltación próximo a la eyaculación. La flor se convierte en fuente o desagüe abierto para recibir los fluidos y colmarse. Las cinco piezas funcionan como una suerte de “embudos vacíos pero llenos” (Cortés, 1997, p. 37). Los dedos, como cuerpos fálicos, apuntan hacia abajo, como si deseasen introducirse en los sumideros de … que no desemboca y hacer germinar el deseo.
En la primera planta se encuentra Delante de las fuentes (1997), cinco cuadros situados justo encima de los cinco dípticos de Vierte y suma. Sobre terciopelo blanco tornasolado se han pintado en amarillo unos dedos que asoman desde el margen superior. Parecen lánguidos o erectos. De cada uno desciende un chorro, como un fluido corporal que se derrama y se dirige hacia los embudos-flores del piso inferior.
En la última planta, y en contradicción con lo que anuncia el título de la exposición, se presenta la serie Sólo esto: desembocadura (1997), formada por cinco dípticos realizados con pañuelos blancos. Los pañuelos, similares, pero no idénticos, se agrupan por parejas. En cada uno se ha vaciado el diámetro del dedo que hay en la planta debajo y, posteriormente, se han bordado los bordes con hilo dorado. El círculo resultante remite a un anillo, emparejado con su igual —cada pareja sí es gemela—, como en Untitled (Double Portrait) (1991) de Felix Gonzalez-Torres.
Lorca escribe en su poema “Navidad en el Hudson”:
Lo que importa es esto: hueco. Mundo solo.
Desembocadura.
Alba no. Fábula inerte.
Sólo esto: desembocadura. (García Lorca, 2017, p. 33).
El mundo se siente como un gran vacío por llenar. De ahí que se busque un compañero para sobrellevar las vicisitudes cotidianas. Esta unión se percibe en los diez pañuelos, los diez anillos, los diez dedos, las dos manos: una pareja masculina. Juntos, a través del deseo, el sueño y la esperanza. Su pasión se derrama como líquido lujurioso —semen u orín— que cae desde las manos hacia los manteles de unas mesas que vaticinan un banquete nupcial. “Una ceremonia en la que dominará el correr de los fluidos” (Cotanda, 2012, p. 209).
Clemente, José Luis (1998). Y del blanco al rojo, y del rojo al amarillo, incluso en el amor y la muerte. En Ricardo Cotanda. … que no desemboca (pp. 72-77)). Valencia, España: Generalitat Valenciana.
Cortés, José Miguel G. (1998). Mi anillo, señor, mi anillo de oro viejo. En Ricardo Cotanda. … que no desemboca (pp. 26-39). Valencia, España: Generalitat Valenciana.
Cotanda Ramón, Ricardo (2012). Ricardo Cotanda. Un recorrido por su obra artística 1989-2005 (tesis doctoral). Universidad de Castilla - La Mancha, Cuenca, España.
García Lorca, Federico (2017). Poeta en Nueva York. Menorca, España: Textos.info.
García Lorca, Federico (2022). Así que pasen cinco años. Menorca, España: Textos.info.















