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Tonsuras

1996

1996

La tonsura es la ceremonia mediante la cual, en el momento de adscripción a la clerecía, se corta o rasura simbólicamente una porción de cabello como voto de castidad. Cotanda, como ya hace en … llegar a la nieve (1995), vuelve a referirse aquí a la soledad del sujeto maricón, como si fuese víctima de un celibato autoimpuesto hasta la muerte. De este modo habla de renuncias materiales y pasiones castradas (Clemente, 1998, p. 75).  

En este caso, el artista crea un ajuar de sangre para un novio que no conoce los placeres y la compañía del amor romántico. Para ello emplea once bastidores cuadrados, de gran tamaño, entelados con terciopelo rojo. A través del acto masculino de afeitar —tonsurar— con navaja la superficie de terciopelo —material tradicionalmente asociado a lo femenino—, Cotanda sustrae siluetas compuestas por dos mitades de elementos diferentes que se fusionan para conformar una unidad, un nuevo cuerpo, extraño y surrealista, imposible en su concepción. Vestido-cuchillo, pez-pantalón, guante-luna, dedo-flor, tijeras-labios. Así se combinan objetos, partes del cuerpo humano, animales y vegetales.

Las imágenes evocan a Marcel Duchamp, tanto en la fotografía de Man Ray A toile (Sobre lienzo, 1921) —fonéticamente, la voz a toile es muy similar a etoile (estrella)—, en la que el francés se rasura una estrella en la cabeza; como en El Gran Vidrio (1915-1923), donde el plano se divide en un arriba y un abajo —o, en los juegos formales del valenciano, en un lado y otro—, como dos sustancias distintas que se emparejan para siempre.

El terciopelo tiene la cualidad de variar sus tonalidades según se sitúe la mirada del observador, de modo que las figuras evidencian un número casi ilimitado de formas de ver, llegando incluso a su camuflaje absoluto cuando se toma el punto de vista adecuado. (Marco, 1997, p. 60). 

 

Las asociaciones que Cotanda genera son sugerentes, muy próximas al imaginario lorquiano, plagadas de sutiles referencias al sexo, las excreciones y el falo. Los títulos de cada una de las piezas son, de hecho, versos del poeta andaluz. Incluso la elección del número de lienzos, once, visibiliza un 1+1, una relación entre iguales —como hace Felix Gonzalez-Torres— que nunca llega a sumar dos. Así, la serie vuelve al “Pequeño poema infinito” de Poeta en Nueva York (1930):

Pero el dos no ha sido nunca un número

porque es una angustia y una sombra,

porque es la guitarra donde el amor se desespera,

porque es la demostración de otro infinito que no es suyo (García Lorca, 2017, p. 92).

 

De este modo anuncia un deseo homosexual en el que se rasura la vellosidad de las pieles para que broten los fluidos corporales. Un desangrarse invisible que revela conexiones fetichistas, metamorfosis duales que buscan liberarse y ser.

 

Clemente, José Luis (1998). Y del blanco al rojo, y del rojo al amarillo, incluso en el amor y la muerte. En Ricardo Cotanda. … que no desemboca (pp. 72-77)). Valencia, España: Generalitat Valenciana.
Cortés, José Miguel G. (1998). Mi anillo, señor, mi anillo de oro viejo. En Ricardo Cotanda. … que no desemboca (pp. 26-39). Valencia, España: Generalitat Valenciana.
García Lorca, Federico (2017). Poeta en Nueva York. Menorca, España: Textos.info.
Marco, Carles D. (1997, 28 de marzo). Ricardo Cotanda, Lenguaje y Poder. ABC de las Artes, p. 60.
Picazo, Glòria (1998). Entrevista a Ricardo Cotanda. En Je t’… (pp. 14-15). Lleida, España: Ajuntament de Lleida.


La tonsura es la ceremonia mediante la cual, en el momento de adscripción a la clerecía, se corta o rasura simbólicamente una porción de cabello como voto de castidad. Cotanda, como ya hace en … llegar a la nieve (1995), vuelve a referirse aquí a la soledad del sujeto maricón, como si fuese víctima de un celibato autoimpuesto hasta la muerte. De este modo habla de renuncias materiales y pasiones castradas (Clemente, 1998, p. 75).  

En este caso, el artista crea un ajuar de sangre para un novio que no conoce los placeres y la compañía del amor romántico. Para ello emplea once bastidores cuadrados, de gran tamaño, entelados con terciopelo rojo. A través del acto masculino de afeitar —tonsurar— con navaja la superficie de terciopelo —material tradicionalmente asociado a lo femenino—, Cotanda sustrae siluetas compuestas por dos mitades de elementos diferentes que se fusionan para conformar una unidad, un nuevo cuerpo, extraño y surrealista, imposible en su concepción. Vestido-cuchillo, pez-pantalón, guante-luna, dedo-flor, tijeras-labios. Así se combinan objetos, partes del cuerpo humano, animales y vegetales.

Las imágenes evocan a Marcel Duchamp, tanto en la fotografía de Man Ray A toile (Sobre lienzo, 1921) —fonéticamente, la voz a toile es muy similar a etoile (estrella)—, en la que el francés se rasura una estrella en la cabeza; como en El Gran Vidrio (1915-1923), donde el plano se divide en un arriba y un abajo —o, en los juegos formales del valenciano, en un lado y otro—, como dos sustancias distintas que se emparejan para siempre.

El terciopelo tiene la cualidad de variar sus tonalidades según se sitúe la mirada del observador, de modo que las figuras evidencian un número casi ilimitado de formas de ver, llegando incluso a su camuflaje absoluto cuando se toma el punto de vista adecuado. (Marco, 1997, p. 60). 

 

Las asociaciones que Cotanda genera son sugerentes, muy próximas al imaginario lorquiano, plagadas de sutiles referencias al sexo, las excreciones y el falo. Los títulos de cada una de las piezas son, de hecho, versos del poeta andaluz. Incluso la elección del número de lienzos, once, visibiliza un 1+1, una relación entre iguales —como hace Felix Gonzalez-Torres— que nunca llega a sumar dos. Así, la serie vuelve al “Pequeño poema infinito” de Poeta en Nueva York (1930):

Pero el dos no ha sido nunca un número

porque es una angustia y una sombra,

porque es la guitarra donde el amor se desespera,

porque es la demostración de otro infinito que no es suyo (García Lorca, 2017, p. 92).

 

De este modo anuncia un deseo homosexual en el que se rasura la vellosidad de las pieles para que broten los fluidos corporales. Un desangrarse invisible que revela conexiones fetichistas, metamorfosis duales que buscan liberarse y ser.

 

Clemente, José Luis (1998). Y del blanco al rojo, y del rojo al amarillo, incluso en el amor y la muerte. En Ricardo Cotanda. … que no desemboca (pp. 72-77)). Valencia, España: Generalitat Valenciana.
Cortés, José Miguel G. (1998). Mi anillo, señor, mi anillo de oro viejo. En Ricardo Cotanda. … que no desemboca (pp. 26-39). Valencia, España: Generalitat Valenciana.
García Lorca, Federico (2017). Poeta en Nueva York. Menorca, España: Textos.info.
Marco, Carles D. (1997, 28 de marzo). Ricardo Cotanda, Lenguaje y Poder. ABC de las Artes, p. 60.
Picazo, Glòria (1998). Entrevista a Ricardo Cotanda. En Je t’… (pp. 14-15). Lleida, España: Ajuntament de Lleida.


Uno (por el sur de mis pies)
1996
Terciopelo de seda afeitado, 110x110 cm.
La parte superior de un corazón humano se une a una huella de zapato. La metamorfosis se oculta y la imagen sigue leyéndose como un corazón alargado.
Dos (que no desemboca)
1996
Terciopelo de seda afeitado, 110x110 cm
Una flor vista de perfil se une a un dedo de la mano. El dedo, como sinécdoque de la actividad masculina, forma un solo cuerpo con la belleza de los pétalos, tradicionalmente asociada a lo femenino. Esta pieza es el antecedente de la serie Vierte y suma (1997) que presenta en ... que desemboca (1998), su exposición individual en La Gallera.
Tres (tenía un ojo en el cuello)
1996
Terciopelo de seda afeitado, 110x110 cm.
Una pierna se une al rabo de una serpiente. La imagen rompe con el eje central y presenta una forma extraña, difícil de reconocer. Al mismo tiempo parece querer formalizar una lemniscata —el símbolo del infinito—, derramándose o desarrollándose en uno de sus extremos para conformar ambos cuerpos.
Cuatro (molusco sin concha)
1996
Terciopelo de seda afeitado, 110x110 cm.
Las hojas de unas tijeras se convierten en unos labios, en alusión a Lips (Labios, 1966), pintura de Man Ray, donde unos labios rojos flotan recortados en el cielo de un paisaje.
Cinco (perfil sin sueño)
1996
Terciopelo de seda afeitado, 110x110 cm.
Una camiseta de tirantes, muy usada en los círculos gays —especialmente en el ambiente nocturno de las discotecas—, se transforma en su parte inferior, la más próxima al sexo, en un cuchillo carnicero. La imagen resulta ambigua, continúa leyéndose como una camisilla con curiosos pliegues, como si la agresividad del puñal quedase oculta.
Seis (yo me cortaré la mano derecha)
1996
Terciopelo de seda afeitado, 110x110 cm.
La obra es un guiño a The Gift (El regalo, 1921) de Man Ray, un ready made en el que sobresalen clavos de la suela de una plancha. Cotanda presenta una plancha antigua colocada de pie, apoyada sobre su base, de cuya punta sobresale la cabeza de un caracol.
Siete (no duerme nadie)
1996
Terciopelo de seda afeitado, 110x110 cm.
A la pretina de un pantalón se le une un pez.
Ocho (silencio de corcho)
1996
Terciopelo de seda afeitado, 110x110 cm
Una cuchara de perfil contiene en su paleta un ojo con pestañas.
Nueve (con las axilas rotas
1996
Terciopelo de seda afeitado, 110x110 cm
Un brazo presenta una estrella de mar en lugar de mano.
Diez (no preguntes nada)
1996
Terciopelo de seda afeitado, 110x110 cm.
Una pluma parece caer con liviandad. De su punta emerge una cabeza de perfil que abre la boca como si profiriese un grito sordo.
Once (al norte de mi frente)
1996
Terciopelo de seda afeitado, 110x110 cm.
De la parte inferior de una luna menguante cuelga un guante.
Archivo Queer de Artistas Visuales. València, 1975-2024.
joaquín artime