La tonsura es la ceremonia mediante la cual, en el momento de adscripción a la clerecía, se corta o rasura simbólicamente una porción de cabello como voto de castidad. Cotanda, como ya hace en … llegar a la nieve (1995), vuelve a referirse aquí a la soledad del sujeto maricón, como si fuese víctima de un celibato autoimpuesto hasta la muerte. De este modo habla de renuncias materiales y pasiones castradas (Clemente, 1998, p. 75).
En este caso, el artista crea un ajuar de sangre para un novio que no conoce los placeres y la compañía del amor romántico. Para ello emplea once bastidores cuadrados, de gran tamaño, entelados con terciopelo rojo. A través del acto masculino de afeitar —tonsurar— con navaja la superficie de terciopelo —material tradicionalmente asociado a lo femenino—, Cotanda sustrae siluetas compuestas por dos mitades de elementos diferentes que se fusionan para conformar una unidad, un nuevo cuerpo, extraño y surrealista, imposible en su concepción. Vestido-cuchillo, pez-pantalón, guante-luna, dedo-flor, tijeras-labios. Así se combinan objetos, partes del cuerpo humano, animales y vegetales.
Las imágenes evocan a Marcel Duchamp, tanto en la fotografía de Man Ray A toile (Sobre lienzo, 1921) —fonéticamente, la voz a toile es muy similar a etoile (estrella)—, en la que el francés se rasura una estrella en la cabeza; como en El Gran Vidrio (1915-1923), donde el plano se divide en un arriba y un abajo —o, en los juegos formales del valenciano, en un lado y otro—, como dos sustancias distintas que se emparejan para siempre.
El terciopelo tiene la cualidad de variar sus tonalidades según se sitúe la mirada del observador, de modo que las figuras evidencian un número casi ilimitado de formas de ver, llegando incluso a su camuflaje absoluto cuando se toma el punto de vista adecuado. (Marco, 1997, p. 60).
Las asociaciones que Cotanda genera son sugerentes, muy próximas al imaginario lorquiano, plagadas de sutiles referencias al sexo, las excreciones y el falo. Los títulos de cada una de las piezas son, de hecho, versos del poeta andaluz. Incluso la elección del número de lienzos, once, visibiliza un 1+1, una relación entre iguales —como hace Felix Gonzalez-Torres— que nunca llega a sumar dos. Así, la serie vuelve al “Pequeño poema infinito” de Poeta en Nueva York (1930):
Pero el dos no ha sido nunca un número
porque es una angustia y una sombra,
porque es la guitarra donde el amor se desespera,
porque es la demostración de otro infinito que no es suyo (García Lorca, 2017, p. 92).
De este modo anuncia un deseo homosexual en el que se rasura la vellosidad de las pieles para que broten los fluidos corporales. Un desangrarse invisible que revela conexiones fetichistas, metamorfosis duales que buscan liberarse y ser.
Clemente, José Luis (1998). Y del blanco al rojo, y del rojo al amarillo, incluso en el amor y la muerte. En Ricardo Cotanda. … que no desemboca (pp. 72-77)). Valencia, España: Generalitat Valenciana.
Cortés, José Miguel G. (1998). Mi anillo, señor, mi anillo de oro viejo. En Ricardo Cotanda. … que no desemboca (pp. 26-39). Valencia, España: Generalitat Valenciana.
García Lorca, Federico (2017). Poeta en Nueva York. Menorca, España: Textos.info.
Marco, Carles D. (1997, 28 de marzo). Ricardo Cotanda, Lenguaje y Poder. ABC de las Artes, p. 60.
Picazo, Glòria (1998). Entrevista a Ricardo Cotanda. En Je t’… (pp. 14-15). Lleida, España: Ajuntament de Lleida.
La tonsura es la ceremonia mediante la cual, en el momento de adscripción a la clerecía, se corta o rasura simbólicamente una porción de cabello como voto de castidad. Cotanda, como ya hace en … llegar a la nieve (1995), vuelve a referirse aquí a la soledad del sujeto maricón, como si fuese víctima de un celibato autoimpuesto hasta la muerte. De este modo habla de renuncias materiales y pasiones castradas (Clemente, 1998, p. 75).
En este caso, el artista crea un ajuar de sangre para un novio que no conoce los placeres y la compañía del amor romántico. Para ello emplea once bastidores cuadrados, de gran tamaño, entelados con terciopelo rojo. A través del acto masculino de afeitar —tonsurar— con navaja la superficie de terciopelo —material tradicionalmente asociado a lo femenino—, Cotanda sustrae siluetas compuestas por dos mitades de elementos diferentes que se fusionan para conformar una unidad, un nuevo cuerpo, extraño y surrealista, imposible en su concepción. Vestido-cuchillo, pez-pantalón, guante-luna, dedo-flor, tijeras-labios. Así se combinan objetos, partes del cuerpo humano, animales y vegetales.
Las imágenes evocan a Marcel Duchamp, tanto en la fotografía de Man Ray A toile (Sobre lienzo, 1921) —fonéticamente, la voz a toile es muy similar a etoile (estrella)—, en la que el francés se rasura una estrella en la cabeza; como en El Gran Vidrio (1915-1923), donde el plano se divide en un arriba y un abajo —o, en los juegos formales del valenciano, en un lado y otro—, como dos sustancias distintas que se emparejan para siempre.
El terciopelo tiene la cualidad de variar sus tonalidades según se sitúe la mirada del observador, de modo que las figuras evidencian un número casi ilimitado de formas de ver, llegando incluso a su camuflaje absoluto cuando se toma el punto de vista adecuado. (Marco, 1997, p. 60).
Las asociaciones que Cotanda genera son sugerentes, muy próximas al imaginario lorquiano, plagadas de sutiles referencias al sexo, las excreciones y el falo. Los títulos de cada una de las piezas son, de hecho, versos del poeta andaluz. Incluso la elección del número de lienzos, once, visibiliza un 1+1, una relación entre iguales —como hace Felix Gonzalez-Torres— que nunca llega a sumar dos. Así, la serie vuelve al “Pequeño poema infinito” de Poeta en Nueva York (1930):
Pero el dos no ha sido nunca un número
porque es una angustia y una sombra,
porque es la guitarra donde el amor se desespera,
porque es la demostración de otro infinito que no es suyo (García Lorca, 2017, p. 92).
De este modo anuncia un deseo homosexual en el que se rasura la vellosidad de las pieles para que broten los fluidos corporales. Un desangrarse invisible que revela conexiones fetichistas, metamorfosis duales que buscan liberarse y ser.
Clemente, José Luis (1998). Y del blanco al rojo, y del rojo al amarillo, incluso en el amor y la muerte. En Ricardo Cotanda. … que no desemboca (pp. 72-77)). Valencia, España: Generalitat Valenciana.
Cortés, José Miguel G. (1998). Mi anillo, señor, mi anillo de oro viejo. En Ricardo Cotanda. … que no desemboca (pp. 26-39). Valencia, España: Generalitat Valenciana.
García Lorca, Federico (2017). Poeta en Nueva York. Menorca, España: Textos.info.
Marco, Carles D. (1997, 28 de marzo). Ricardo Cotanda, Lenguaje y Poder. ABC de las Artes, p. 60.
Picazo, Glòria (1998). Entrevista a Ricardo Cotanda. En Je t’… (pp. 14-15). Lleida, España: Ajuntament de Lleida.











